Lo que me enseño la bici
Cuando empiezo un viaje no sé si escapo, descubro o viajo. Entre esas tres formas de entender el movimiento existe una línea tan fina que, después de muchos kilómetros, todavía me cuesta diferenciar qué es lo que realmente busco cada vez que cargo un par de alforjas.
Siempre me ha gustado explorar el mundo, los mapas y los lugares lejanos, pero no fue hasta mi primer viaje en bicicleta cuando sentí algo diferente. Pensé: “Ahora sí”. Y fue extraño porque no había ocurrido nada extraordinario, pero por primera vez tenía la sensación de estar atravesando los lugares de verdad. Me obligó a mirar todo de otra manera, a reducir la velocidad, a sentir el cansancio de cada subida y la recompensa de cada bajada. Me llevó a cruzar pueblos donde nadie espera encontrar a alguien de paso, a conversaciones improvisadas con los más ancianos o personas que terminan ofreciéndote comida o incluso un tintico. Son momentos mínimos, pero terminan siendo los que más recuerdas cuando vuelves a casa.

Viajar en bicicleta me hace sentir que el mundo es casa allá donde voy, aunque también me muestra mi cara más vulnerable. Me hace creer que puedo con todo, pero a la vez me hace pequeña; me enseña a activar todos mis sentidos, pero también a confiar en completos desconocidos. Quizá por eso la libertad aquí se siente diferente: pesa, se pincha y se pedalea. No es cómoda ni perfecta, pero te hace sentir algo muy difícil de explicar: estar completamente presente.
Las distancias dejan de ser números y se convierten en cansancio, calor, lluvia o viento en contra. Aprendes a leer el cielo, a buscar agua, a valorar una sombra o un sitio tranquilo donde dormir. Quizá ahí esté una de las mayores lecciones de la bicicleta: volver una vez más al punto de partida y descubrir que todo lo que necesitamos para vivir cabe dentro de un par de alforjas.

Creo que todos deberíamos viajar en bicicleta al menos una vez en la vida porque te obliga a bajar el ritmo y volver a sentir el mundo de una forma mucho más humana.
Puede que nunca consiga diferenciar del todo si escapo, descubro o viajo. Pero cada vez que vuelvo a cargar mi bicicleta siento que hay una parte de mí que solo existe mientras avanzo lentamente por el mundo, en la que soy profundamente feliz.
Isabel Vázquez Evuy
@bicisalvaje @isabellebellee_
Isabel Vázquez Evuy
Me gustan los planes improvisados, comer en la cima de las montañas, descansar bajo los árboles y la vida.

